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miércoles, junio 20, 2018

Reseña: La hija del tiempo de Josephine Tey. La verdad no estropea una buena historia.

La hija del tiempo



My rating: 5 of 5 stars


He disfrutado increíblemente de la lectura de esta novela. El tratamiento de un hecho histórico como el de una historia de misterio me ha encantado, ya que pese a la opinión del protagonista, la historia, como la medicina, desde Doyle hasta Eco, se ha definido siempre como una ciencia deductiva más que inductiva y por tanto cercana a la criminalística. Me entusiasma la elección del personaje objeto de investigación, Ricardo III Plantaganet, uno de mis favoritos, tanto en su vertiente real como en la versión villano de Shakespeare. Es cierto que, como le dice Laura en su carta al protagonista, somos reacios a que nos hurten con la verdad nuestras historias favoritas. Pero en este caso, la reivindicación plena de Ricardo y el descubrimiento del verdadero criminal es tan interesante y de justicia, y está tan bien contada, que puedo quedarme con el autentico Ricardo y seguir amando al malvado jorobado shakesperiano sin problemas. Y que el punto de partida sea la impresión que provoca el retrato del Rey a Grant, es original y un instrumento muy inteligente que nos permite desarrollar aún más la empatia hacía él.


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sábado, diciembre 19, 2009

El último manuscrito de Tomás Moro y el confesor del Emperador ( y II)



Pedro de Soto fue nombrado confesor del Emperador en 1541 cuando ya hacía seis años que Tomás Moro había sido ejecutado y expuesta su cabeza clavada en una pica en lo alto del puente de la Torre. Pero fue por orden de Felipe II, durante el reinado de Ana Tudor "Bloody Mary", su esposa desde 1554, cuando el dominico fue a Inglaterra, llegando incluso a dar clases en Oxford en 1555. Los manuscritos y demás bienes de Tomas Moro que fueron confiscados durante su estancia en la Torre parece que fueron recuperados por su hija mayor y discípula, Margaret, aunque no se sabe muy bien cómo. El manuscrito del De Tristia Christi debió llegar a manos de Pedro de Soto a través de la nieta del humanista, Mary Basset, quién, gracias a su esposo, gozaba de cierta influencia en la corte de la Reina María. Fue él quién mandó encuadernar el manuscrito en el pergamino que todavía hoy lo mantiene. A su regreso a España lo donó a D. Fernando de Toledo que a su vez se lo entregó a su hermano, el conde de Oropesa, según nos cuenta en una nota en el interior de la cubierta delantera Juan de Ribera, arzobispo de Valencia y Patriarca de Alejandría, además de uno de lo mayores promotores de la trágica expulsión de los moriscos. En realidad, sólo por esta nota sabemos qué hace el manuscrito en Valencia.
Seguir la pista a Pedro de Soto, teólogo tridentino, en Inglaterra durante aquel año y en el contexto del reinado de María, así como toda la aventura de este manuscrito sugiriere una historia en los márgenes de la Histoira que me gustaría, sí, contar, y contar mejor.

miércoles, diciembre 16, 2009

El último manuscrito de Tomás Moro y el confesor del emperador



¿Es este el título para una posible novela histórica de misterio a la que me estoy dedicando aprovechando la moda Tudor y el tirón querellante del centro jurídico que ha tomado el nombre del famoso humanista? Podría ser, aunque en realidad mi renovado interés por Tomás Moro vino a raíz de la reprogramación en un canal de cine clásico de "Un hombre para la eternidad", de Fred Zimmerman, basada en la obra de teatro de Robert Bolt. Siempre me ha gustado esta película y siempre he admirado a Tomás Moro, que sin vocación alguna de héroe o mártir supo ser consecuente con sus creencias hasta el final. Me molesta que un hombre que basó en el silencio y la discreción, en la humildad y la inteligencia, la defensa de su ideas intentando equilibrios legales para no traicionar ni a su rey ni a su fe sea utilizado de manera tan vocinglera.
Recordé que en el Museo del Real Colegio Corpus Christi del Patriarca se conserva uno de sus manuscritos (De Tristia Christi), pero no tenía ni idea de la forma exacta en la que llegó hasta Valencia.
Tomás Moro escribió "La Angustia de Cristo frente a la muerte" mientras estuvo prisionero en la Torre y aun se le permitía tener sus libros, estudiar y escribir. Su hija lo salvó, y su caja de carey llegó a manos del confesor del emperador Carlos V, el hermano dominico Pedro de Soto.
Continuará...