Un descubrimiento. La reinterpretación de ciertos iconos de la mitología y la literatura -especialmente Hamlet- fue lo que me llamó la atención de esta antología.
Jules Laforgue que ha sido encuadrado entre los simbolistas y decadentistas, tiene sin duda una vena gamberra -punk que por fortuna revivifica de la ranciedad a estos mitos; extremadamente culto, con una prosa preciosista y sarcástica interrumpida a menudo por interjecciones y apartes en lenguaje coloquial que además de abrir a la autoparodia -no se toma el autor tan en serio- nos permite a los demás entrar en la broma. Una broma con humor a veces delicado y otras de farsa, para mí la mejor forma de irreverencia. No veo en Laforgue a un fanático. Es más bien un "me rio de mí, me rio de ti, me rio del Todo, me rio del Ideal, y me rio de la muerte omnipresente. Incluso deja entrar al Arte en la fiesta. Es comprensible que inspirase a surrealistas que buscaban en lo grotesco e incluso terrorífico , chocante, sorprendente y desconcertante una manifestación clara del inconsciente.
Destacar la labor impecable del editor y traductor Jesús Bellotto cuyos anagronismos se integran de maravilla en el texto de Laforgue.







