Por lo que sé, está fue la segunda novela publicada por Faulkner. Queda claro que intentó una forma nueva de narrar y buscó también como género para estrenarse en ella la sátira. No le salió del todo mal, pero los que amamos al Faulkner posterior lo echamos de menos.
La inteligencia y su bien escribir están ahí, así como temas que se reproducirán siempre -Jenny es un Eula Varne en ciernes por ejemplo, aparece por supuesto el retrato descarnado del sur y su gente en cóctel de añoranza incomprensible, amor y crítica. Y desde luego, la insufrible condescendencia de los poderosos y pudientes hacia los trabajadores.
La obra es prácticamente diálogo, constante y zumbante, como los mosquitos que le dan título y que no se nombran nunca. ¿Para que? Los tenemos alrededor todo el rato. Y al menos los pesados insectos tienen un propósito. Tampoco a los personajes se les suele citar por su nombre - a excepción del Sr.Talliaferro, quien, por otra parte, usa un apellido falso-; aspiran en la mente del autor a representar tipos: la sobrina, el sobrino, el capitán, el semita (?¿) … con muchos prejuicios y poco éxito. No me importa que se resguarde bajo la denominación de sátira.
En cualquier caso, me ha pillado justo cuando ya soy demasiado mayor quizás. La vedad es que me identifican más los desplantes de la juventud que el esfuerzo de adultos ya casi en la vejez de vampirizarlos. Adultos ricos, solos y muy aburridos. Resulta patético y hasta cierto punto, injusto. Y me cansa como tema.
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